El billete de Sturzenegger: la misma cara, diez años después

Nota de opinión del socio de ENAC, Walter Petina.
Comunicación - Notas de opinión21/08/2026Equipo ENACEquipo ENAC

Lo encontramos en un archivo viejo de ENAC: una gigantografía con forma de billete de cien dólares, varios metros de lona extendidos sobre el embaldosado de la Plaza de Mayo, esperando a que un puñado de empresarios la levantara para la foto.

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ENAC había nacido en 2015, así que para el Día del Empresario Nacional de 2016 ya caminaba con piso propio, y esa lona fue una de sus primeras declaraciones públicas de guerra.

Arriba, el sello: “Banco Central de la Ceocracia Argentina”. No es un error de tipeo, es una radiografía: en 2016 gobernaba un gabinete de CEOs que había cambiado el sillón de directorio por un despacho público y actuaba exactamente igual en los dos lugares.

En el óvalo central, en lugar de Benjamin Franklin, la cara sonriente de Federico Sturzenegger, con un subtítulo que no necesita aclaración: “Enemigo público N.º 2 de las PyMEs”.

Uno se pregunta, con la mala leche que corresponde, quién habrá sido el N.º 1. La respuesta, hoy, es una obviedad.

El billete no especulaba: contaba.

Abajo, a la izquierda, la letra chica que nos dolía: “En 2016, por la especulación financiera y la apertura de importaciones, se perdieron 5.000 empresas nacionales y 50.000 empleos industriales”.

Y a la derecha, la disyuntiva resumida en dos renglones, sin margen para el relativismo: “Producción y trabajo o especulación financiera”.

Al pie, una marca de agua que hoy suena a profecía cumplida: “Industricidio”.

Diez años. Una vuelta completa de calesita, y el billete no envejeció: se actualizó solo, como esos contratos con cláusula gatillo.

El “enemigo público N.º 2” del Banco Central de entonces, el inspirador del megacanje en épocas de De la Rúa y hoy el ministro “desregulador” en el gabinete de Milei, “el coloso”, como le gusta decir al presidente.

Y al lado suyo, Caputo, “el Toto”, el que en 2018 nos dejó al FMI, la fuga de divisas y el país explotando. Pese a eso, hoy es directamente el ministro de Economía.

En cualquier otro país serio, esos currículums los inhabilitarían de por vida para tocar una billetera pública. Acá los ascendieron.

Como si diez años de persianas bajas necesitaran menos Estado y no más.

Si actualizáramos el cartel con la calculadora de 2026, las cifras no se achicarían: se multiplicarían.

Ya no son 5.000 empresas, son más de 30.000. Ya no es apertura importadora con dumping selectivo: es la timba financiera elevada a política de Estado, con tasas en pesos que ningún industrial puede pagar y un dólar sostenido a fuerza de deuda hasta que explote, otra vez, como en 2018.

Y, sin embargo, acá seguimos.

El cartel de 2016 no fue una anécdota de archivo: fue el primer trazo de lo que hoy es ENAC, una organización que nació justamente para no dejar sola a la PyME frente a estos ciclos que se repiten con el mismo elenco.

Hoy, en 2026, con más de 30.000 empresas cerradas y los mismos apellidos manejando la economía desde lugares todavía más altos, la consigna de aquel billete sigue siendo la única hoja de ruta que necesitamos: producción y trabajo, no especulación financiera.

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No la vamos a actualizar porque no hace falta. La vamos a sostener en la calle, en las cámaras, en los talleres y en los barrios, las veces que sea necesario.

Diez años después, seguimos discutiendo el mismo billete falso.

La diferencia es que ahora sabemos exactamente cómo se llama cada uno de los que lo firma, y no vamos a dejar de decirlo.

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