(De)forma laboral: Del empleo formal a la precariedad disfrazada de modernidad

Mientras se impulsa una reforma laboral como solución al estancamiento, los datos del sector productivo muestran que el principal problema de las PYMEs es la caída del consumo, el financiamiento y la inestabilidad macroeconómica. Nota de opinión del socio Gabriel Erviti.

Comunicación - Notas de opinión13/02/2026Equipo ENACEquipo ENAC
ChatGPT Image 13 feb 2026, 16_39_31

WhatsApp Image 2026-02-13 at 12.24.12
  Por Gabriel Erviti, socio de ENAC - industria alimenticia

La palabra "reforma" suena lindo: evoca mejora, actualización, avance. Pero cuando hablamos de la llamada reforma laboral que impulsan los sectores más concentrados, lo que aparece no es modernización, es retroceso. Lo que proponen no es reformar, sino deformar el mundo del trabajo. Es desarmar lo que funciona para justificar un modelo que solo cierra si el laburante pierde derechos y si las PYMEs cargan con el ajuste que otros no quieren hacer.

Durante décadas, en la Argentina la estabilidad laboral, las indemnizaciones, los convenios colectivos y el salario digno fueron el corazón de un pacto social que permitió movilidad ascendente, formalización y un mercado interno dinámico. Ese pacto está hoy bajo ataque. Y lo grave es que lo presentan como un "salto al futuro", cuando en realidad es una vuelta
prolija al país de los trabajadores descartables.

1. Deformar lo laboral es naturalizar la precariedad


La primera maniobra consiste en convertir la excepción en regla. Períodos de prueba eternos, contratos temporales como estándar, tareas multitarea sin reconocimiento, monotributización forzada, plataformas que "no emplean". Toda una arquitectura diseñada para recortar costos laborales a costa de la vida de la gente. A eso le llaman "flexibilidad". Nosotros lo llamamos por su nombre: precariedad legalizada.

2. Deformar lo laboral es culpar al trabajador de lo que causa la macro

Se insiste en la falacia de que la Argentina no genera empleo formal por culpa de sus leyes laborales. Pero los datos muestran otra cosa: cuando hay crecimiento, las PYMEs contratan; cuando hay tasa al 120%, tarifas dolarizadas, importaciones indiscriminadas y desplome del consumo, no contrata nadie.

La productividad no se logra bajando derechos, sino garantizando crédito, estabilidad y demanda. La reforma laboral es un atajo falso para no discutir a los verdaderos responsables: la especulación financiera, las importaciones indiscriminadas y un modelo económico que asfixia a quienes producen.

3. Deformar lo laboral es debilitar la negociación colectiva


Sin paritarias fuertes lo único que crece es el salario real… pero del empleador concentrado. La negociación colectiva es la herramienta que equilibra la cancha. Por eso la quieren fragmentar, municipalizar o reemplazar por acuerdos individuales imposibles de negociar en igualdad. Atacar sindicatos no es “modernización”: es disciplinamiento social.

Se insiste en que el freno a la generación de empleo está en la legislación laboral. Pero los datos del sector productivo muestran otra cosa.

Según el último Radar PYME de ENAC:

7 de cada 10 empresas consideran que sus trabajadores perdieron poder adquisitivo en 2025, lo que profundiza el deterioro del mercado interno.
El promedio de días de cobro a clientes se ubica en 51 días, reflejando mayores niveles de financiamiento involuntario.
El acceso al crédito productivo continúa restringido, con tasas que dificultan la inversión y el capital de trabajo.
En este contexto, una reforma laboral no resuelve la restricción central que enfrentan las PYMEs: vender, financiarse y planificar.

4. Deformar lo laboral es hacer competir a las PYMEs por abajo, no por arriba

A las PYMEs les ofrecen un menú envenenado: “bajá derechos y bajás costos”. Pero sabemos que eso no existe

Una PYME no compite por pagar menos indemnización. Compite por:

  • financiamiento accesible
  • estabilidad macroeconómica
  • políticas de desarrollo sectorial
  • logística eficiente
  • carga tributaria razonable

Si la única herramienta que se ofrece es abaratar el trabajo, el resultado no es mayor productividad, sino menor capacidad de consumo y un mercado interno más débil.

5. Deformar lo laboral es trasladar el ajuste a quienes menos tienen


Mientras se instala la idea de que "sobran derechos", nadie habla de lo que falta: crédito accesible, tarifas previsibles, política industrial y reglas claras para que la producción sea negocio.
La reforma laboral aparece entonces como una coartada para no discutir la emergencia real: la que atraviesan las PYMEs, no los trabajadores. A las PYMEs las empujan a sobrevivir con salarios bajos porque no quieren tocar los intereses de otros sectores con más poder.

6. Por qué desde ENAC decimos: emergencia PYME sí; reforma laboral no


Porque sabemos que el empleo no se crea debilitando al trabajador, sino fortaleciendo al que produce. Porque las PYMEs necesitan oxígeno, no mano de obra desprotegida. Porque sin derechos no hay ciudadanía laboral, no hay consumo, no hay mercado interno. Porque la Argentina ya probó la receta de la flexibilización y siempre terminó igual: más pobreza, más informalidad, más concentración. 

La Argentina necesita discutir cómo crecer, cómo exportar más, cómo agregar valor y cómo integrar tecnología sin expulsar trabajadores del sistema formal. Reducir el debate a la flexibilización laboral es simplificar un problema estructural mucho más profundo. El empleo de calidad surge cuando hay producción, inversión y mercado interno dinámico. 

Si el objetivo es generar más trabajo registrado y sostenible, el camino no pasa por precarizar. Pasa por ordenar la macroeconomía, fortalecer a las PYMEs y diseñar políticas productivas de largo plazo.

La prioridad hoy no es reformar el trabajo. Es recuperar la capacidad productiva del país.

Te puede interesar
IMG_9135

La falacia liberal argentina

Equipo ENAC
Comunicación - Notas de opinión09/11/2025

El autodenominado liberalismo argentino vuelve a exhibir su contradicción esencial: quienes predican el libre mercado reclaman la intervención del Estado cuando sus privilegios se ven amenazados. Un repaso histórico del doble discurso que atraviesa a las élites económicas desde el siglo XIX hasta hoy.

Lo más visto